Me encontraba de rotación por Italia, después de un 5º de carrera francamente duro en el que tuve que hacer frente a problemas de salud, a la pérdida de la vocación médica y a muchas asignaturas pendientes que no tuve la capacidad de afrontar, lo que menos me apetecía era irme todo un verano a Italia a hacer prácticas clínicas a un hospital católico.
Había sido culpa mía, yo mismo había echado la solicitud en 4º de carrera, pero no contaba con mis circunstancias de ahora. Estaba exhausto, sin saber como reconducirme, con asignaturas pendientes, con pocas ganas de hospital y con necesidad de descanso.
Para colmo me encontraba en cirugía, un servicio que no me interesaba y donde nadie se percataba de la presencia de un estudiante erasmus. Apenas me hablaban y cuando lo hacían era en otro idioma, a desgana, de forma despectiva y que por poco que dominara entendía que era para que me quitara de en medio.
Suena el despertador, las 6.45h... no puedo más, otra vez al hospital (me había pasado la tarde anterior estudiando para los exámenes de septiembre y estaba agotado). Salgo de la cama, meto a toda prisa el fonendo, la bata y mi farreras de bolsillo y corriendo para el metro. Trasbordo con un tren y llegada a a las 8 menos 10 al hospital. !Rápido! que llego tarde a la sesión. Allí lo de todas las mañanas, sentarme el último y durante 45 minutos casos sin un atisbo de docencia, en otro idioma, cuestiones complejas, técnicas quirúrgicas, problemas del servicio... y yo intentando apuntar el máximo de cosas posibles para no perderme en el pase de planta. Hoy alguien me habla, por lo que consigo entender me dice que bajo a quirófano, que siga al residente que acaba de salir corriendo al escuchar que hoy tiene que hacer de niñera.
Ahora a ver donde cojones está el quirófano y como diablos consigo un pijama... Tras 15 minutos de odisea parece que he encontrado los quirófanos y que un celador muy amable me ha indicado donde puedo coger un pijama y que quirófano es el de cirugía general. Me meto en los vestuarios, ¿donde dejo mis cosas?, bueno las esconderé por aquí ya que no me han dado ninguna llave de taquilla ni el residente me ha ofrecido guardarlas en la suya (de hecho no se muy bien quien es, ha salido corriendo al escuchar que me iba a ir con él). Parece que es este... pone colectomía en la puerta.
Cuando entro todos los presentes me desean la pena de muerte con la mirada, mi residente muy amablemente y con tono paternal me dice (traduzco) "ponte ahí y no molestes". 1 hora, 2 horas, 3 horas, 4 horas... empiezo a estar agotado, no me dejan ver nada, entre el cirujano, el residente, 2 enfermeras, el anestesista y 2 más que no se muy bien quienes son, tienen completamente tapado el campo quirúrgico. Me acerco a los monitores de anestesia, a ver si por lo menos puedo mirar como va el paciente, "no toques eso" me dice de nuevo amablemente mi residente con la aprobación del anestesista. TIC TAC TIC TAC.... a todo esto veo una silla vacía en la esquina del quirófano, no puedo más, necesito sentarme aunque sea solo un minuto, cuando me dirijo a sentarme otro grito "oye esa silla es para mi" me indica dulcemente el anestesista (la silla lleva 1 hora sin ser utilizada por nadie) "¿Por qué no te vas a dar una vuelta y ahora vienes?" me musita de nuevo mi amigo residente.
Salgo hecho un pokemón del quirófano, mezcla de frustración, enfado, cansancio y decaimiento... a punto de reventar vuelvo a los vestuarios, me esconderé un rato (espero no molestar aquí) y de paso comprobaré que no me hayan robado lo que he dejado antes. En días como estos me pregunto porque aguanto todo esto, porque no lo he mandado ya todo a la mierda... me quito la mascarilla, tiro el gorro al suelo y me quedo mirando fijamente las taquillas de los cirujanos.
Al fondo observo una taquilla que es diferente a la del resto, con las prisas antes no había podido verla, ¿qué es lo que tiene pegado?, me acerco un poco más y lo examino con cuidado. Parece códigos de barras, tienen números, como los que se utilizan para identificar a los pacientes. Este cirujano (al que no pude conocer) tiene en su taquilla pegado los códigos de los pacientes a los que ha podido salvar, a los que les ha mejorado la vida!!!! Increíble... durante unos segundos no pude reaccionar. El resto de cirujanos pone pegatinas, fotos de tías (si, tal como suena), horarios, dibujos... pero este médico ha forrado su taquilla de la razón para que a pesar del agotamiento, de los obstáculos, de las dificultades...seguir adelante. La razón por la que estos días puede que valgan la pena. La razón para intentar convertirse en un BUEN MÉDICO, que parece que todavía, hoy en día, los sigue habiendo.
